Nuestro llamado no se detiene en las fronteras.
Vamos a aldeas, tribus y regiones donde el Evangelio no ha sido anunciado.
Con equipos locales e internacionales llevamos:
- la Palabra de Dios;
- alimento y ayuda humanitaria;
- educación e instrucción cristiana;
- esperanza donde todo parece perdido.
Predicamos, oramos, ayudamos, enseñamos, edificamos—y en todo, glorificamos a Jesucristo.
«Id y haced discípulos a todas las naciones…» (Mateo 28:19)